P
E E
R C R
I E I
F N F
E T E
R R R
I O I
A
La muerte se esconde, rota, tras los ojos de la primera persona que ves al girar una esquina.
Se esconde, rota y esperanzada, deseando que mires tras esos ojos y la vislumbres para seguir existiendo.
Ese pequeño, leve, escalofrío que sientes, a veces, al mirar a los ojos a la persona con la que te cruzas cuando giras una esquina es la confirmación de que tendrás fin.
Buceo en el tintero,
intento pescar palabras.
Pasan del plumín al papel,
nacen con olor a acero.
Desconocerás lo profundo
que las succionó la pluma,
pero te llegarán.
Hay cosas, ideas, reflexiones, que a fuerza de darles vueltas acaban enquistándose y entonces se convierten en esa pequeña verruga con la que siempre tropezamos al afeitarnos o en esa uña que se incrusta y duele en los momentos menos oportunos. Para mí, una forma de extirpar o al menos reducir al máximo esos ‘quistes’, a veces se consigue y a veces no, es escribiéndolos, plasmándolos en el papel, convirtiéndolos en un ejercicio sobre el que se puede corregir, dar forma y de este modo, repitiendo la lectura y reescribiendo, hacerlos banales…
aunque no siempre lo consiga.